Encuentros como puentes

El barranco no se evita, se transita.

“Amé con la intensidad de las cosas que, con antelación, sabemos van a terminar. Una trascendencia indescriptible, un sollozo de angustia constante, una verdad evidente que se sabía no era de este lugar. Creé mi propio camino hasta realmente sentirlo mío, cuando de pronto de un golpe, volví al mismo lugar y parecía otro día, parecía otro aire, pero era finalmente, el mismo” (Catalina, 35 años, 9:00am, Consulta individual, Encuentro transformador).

La observé con la inocencia que corresponde a todas las almas en búsqueda de libertad, la escuché con la calma que merecen todas las mentes repletas de estrellas y le hablé tan claro, tan poco, como corresponde guiar a las profundas lecciones que aguardan en el camino.

A veces nos enamoramos de las ruinas como quien atesora un mineral precioso porque en algún momento servirá para cubrir de paisajes las memorias soñadas; a veces sentimos que nos merecemos el cielo, pero sólo tomamos una pequeña porción de tierra a la que llamamos mundo; a veces nos distraemos del sentido profundo que guía nuestra vida, al punto de sabotear nuestro andar.

Ella sufría en su espíritu, como todos los demás cuando nos debatimos en esa búsqueda dual y única: La necesidad de amar o la necesidad de ser amados. Transitamos de un lado a otro con el corazón medio abierto o medio cerrado, para encarar nuestra necesidad que es en sí misma: vacío.

El vacío tiene imágenes diversas y distorsionadas. Parece ausencia, aunque en su presencia constante nos genera preguntas; parece barranco, sin embargo, en su inestabilidad es puente; parece oscuridad y en implacable carácter resulta venda; parece duda y en su rudeza intensa, es certeza.

Para ella, Catalina, que llego al mismo lado, para quienes transitamos en estas calles dispares y diversas, día a día, en esa búsqueda de dar o recibir un Amor con forma de estatus, de título, de reconocimiento, de dolencia, de portarretratos o de tiquete aéreo, hay cuatro lugares en los que detenernos a pensar:

  1. El vacío no se llena, se profundiza. Entender que nada agota a una mente y espíritu conscientes, es la clave para fluir en el devenir de los sucesos que marcan las condiciones de nuestros sueños. La empresa, el negocio, el viaje, la familia, la pareja, la casa o la cena que soñamos, encara primero el reto de soltarlo a la profundidad del abismo en el que aún a sabiendas que es la incertidumbre la única compañera constante, la libertad de fluir fuera de las certezas permitirá potenciar los recursos disponibles y ampliar las preguntas.
  1. El barranco no se evita, se transita. Las dificultades hechas dolencias, obstáculos, problemas, duelos o círculos como vicios, son las bases para cimentar cada deseo. No hay que temerle a merecer siempre lo mejor y lo más grande, pues es ese miedo el que se convierte en las excusas, egos y obstáculos que nos alejan cada vez más de esos paisajes que soñamos.
  1. Las ruinas no se dan, se crean. Hay quienes nacen con alas para recorrer los cielos, hay quienes nacen con raíces, para ensanchar su tierra. No hay un lugar de libertad o de esclavitud único, porque la misma cosa que libera a uno amarra a otro. Sin embargo, hacer del cielo un límite que fragmenta la cercanía o hacer de la tierra un anclaje que impide los vuelos, es decisión de cada quien en su búsqueda de amar o ser amado. El límite no es el cielo, es la mente.
  2. Las puertas de los sueños no se abren, las abrimos. Como imágenes apocalípticas o premonitorias, pareciera que son los otros quienes nos abren las puertas tras mostrarnos.

Realmente los acontecimientos resultan como un espejo, tal como yo me veo me verán.

Texto escrito por Carolina Leguizamón Martínez Psicóloga, Magíster. @CaroLeguiMar para Mujeres deste Siglo.

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