Mujeres fuertes: un poco de mi abuela paterna

Mi padre nació en Maracaibo, Venezuela, pero sus padres (mis abuelos) son de origen hindú y trinitario. Ambos de raza negra, seguramente sus orígenes se remontan a los africanos que fueron llevados a la fuerza hasta América para ser vendidos como esclavos.

Cuenta el relato familiar, que mi abuela era de una rica familia trinitaria que poseía grandes extensiones de tierras. Pero se enamoró de mi abuelo, un viudo sin fortuna, que además tenía una hija pequeña. Los adinerados padres de mi abuela –mis bisabuelos paternos-, se negaron a que su hija se casara con él. Así que se escaparon juntos.

En su huida, llegaron a Venezuela y se instalaron en Maracaibo. Allí nacieron sus ocho hijos y crecieron junto a Edna, la hija de mi abuelo. Mis abuelos se quisieron toda la vida y vivieron juntos hasta su muerte. Formaron una bonita familia. Mi abuela fue una mujer muy valiente que eligió el amor, por encima del dinero.

Mi sangre por parte de padre está tan mezclada, que mi abuela tenía la piel muy oscura y los ojos grises…un gris muy claro. Ninguno de sus nietos (más de veinticinco) conseguimos ese bonito color de ojos. Pero ahora yo misma tengo hijos, y un montón de sobrinos, que tienen los ojos gris claro… iguales que los inolvidables ojos de mi abuela, que se reflejan en cada una de sus miradas.

Mujeres fuertes: un poco de mi bisabuela materna

Mi madre es de familia catalana, aunque su apellido “Salomó” es de origen judío. Un relato familiar explica que mi bisabuela materna era de una familia noble del centro de Catalunya (del Marquesado de Maruny). Se enamoró de un judío sin fortuna – mi bisabuelo- y quiso casarse con él, por lo que fue desheredada.

Esta historia familiar, nunca confirmada, también cuenta que muchos años más tarde, su hijo –mi abuelo– reclamó el título de “Marqués de Maruny”.

Se lo reconocieron, pero el título se lo tenía que entregar Franco, y el, por reticencias políticas, no fue a recogerlo nunca… Nunca sabremos qué hay de cierto en esta historia.

Lo que sí sabemos es que mi bisabuela optó por el amor, antes que por su herencia. No dudó en desobedecer a sus padres y a las estrictas normas de su época. Se casó con él, tuvieron dos hijos, y estuvieron juntos, queriéndose, toda su vida.

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